Mostrando entradas con la etiqueta José Luis Martínez S.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Luis Martínez S.. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de noviembre de 2010

Francisco de Icaza, Yo sí creo en las musas

De Icaza habla de su vida, de su gusto por la literatura y de la manera como mira un arte donde “todos los sueños han sido soñados”

Francisco de Icaza ®Borzelli Photography
Francisco de Icaza ®Borzelli Photography
Francisco de Icaza ®Borzelli Photography
Francisco de Icaza ®Borzelli Photography
Crónica antropológica-fotográfica: Pascual Borzelli Iglesias para Crónica Antropológica.
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas.
Todas las fotografías están protegidas por la ley de derecho de autor. Si desea utilizar nuestras fotos, por favor contactarnos vía correo electrónico.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Helen Escobedo 1934 - 2010

Murió una de las grandes de la plástica

Sus dos recientes exposiciones fueron A escala humana, en el Museo de Arte Moderno y Escuchen al silencio, en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, en el Distrito Federal, México.


Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas

sábado, 11 de septiembre de 2010

Alonso Lujambio. El bicentenario en México

“Ningún país dividido enfrenta con éxito sus problemas”



Crónica antropológica-fotográfica: Pascual Borzelli Iglesias para Crónica Antropológica.
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas.

Todas las fotografías están protegidas por la ley de derecho de autor. Si desea utilizar nuestras fotos, por favor contactarnos vía correo electrónico.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Enrique Krauze, historiador, editor y periodista

El PAN nunca ha entendido la cultura *

Enrique Krauze ®Borzelli Photography

Afirma que en México no nos estamos reconciliando con el pasado.

“Creo en la crítica y me gusta la polémica”, asegura el director de Letras Libres, en una con-versación que va del Bicentenario a la necesidad de restablecer el diálogo en la familia cultural mexicana, roto después de las elecciones de 2006.

Las palabras de Enrique Krauze** son contundentes, animadas por esa pasión crítica de la que hablaba Octavio Paz. En las oficinas de la editorial Clío, el historiador comenta los errores del gobierno federal en las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, también cuestiona los debates políticos e intelectuales en México –porque “son de escuelita”–, recuerda su amistad con Carlos Monsiváis y explica los motivos de su crítica implacable a Andrés Manuel López Obrador, quien “dividió al país en dos”. Durante el diálogo, cada pregunta recibe una respuesta amplia y categórica que es, al mismo tiempo, una oportunidad para la reflexión y la polémica.


®Borzelli Photography


¿Qué piensa de la manera como se han desarrollado los festejos del Bicentenario de la Independencia?
El Bicentenario era, más allá de los festejos, una oportunidad de participación ciudadana y debate colectivo, una oportunidad para enriquecer la vida pública del país. Lo es todavía, aunque ya no creo que se aproveche. Hasta ahora hemos tenido chispazos positivos, como el caso de Discutamos México, un esfuerzo valioso aunque con programas desiguales y hechos de manera algo rápida e improvisada. También hemos tenido espectáculos lamentables, como el mórbido e inútil desfile de los huesos de los héroes. Entonces, hay algunas cosas que están bien, pero en términos generales ¡qué deslucido, qué triste, qué superficial se ve este festejo de la Independencia, incluso comparado con el de 1910!


®Borzelli Photography

El énfasis del gobierno federal parece estar más en el Bicentenario que en la Revolución.
El gobierno de Felipe Calderón ha sido incapaz de ver con claridad qué hacer con el Bicentenario. Hay que decirlo con todas sus letras: falló desde un principio. Desechó a personas que pudieron haber hecho un buen trabajo, como Rafael Tovar, y eligió a gente limitada, con una visión anacrónica de la historia, del género llamado “historia de bronce”. Ha faltado, por decirlo así, una filosofía del Bicentenario. Es obvio que había muchas propuestas que no se escucharon, o se escucharon a medias, o se escucharon tarde. Desde principios de 2007, por ejemplo, comenté que debían de separarse los festejos de la Independencia y la Revolución. Escribí ampliamente sobre esto y pronto publicaré un libro —Adiós a los héroes— donde recojo estas ideas. Una de ellas consistía en aprovechar la Conmemoración de la Independencia (que nos vincula claramente y está fuera de toda discusión) para hablar de la riqueza cultural de nuestra historia, todo aquello que Luis González llamó “La construcción de México”.


®Borzelli Photography

Es verdad que se recogió la idea de llevar la obra sintética de Luis González a los hogares de México. Pero se necesitaba la contraparte: que los pueblos de México hablaran. No basta con poner un lema: “200 años de ser orgullosamente mexicanos”. Había que llenarlo de sustancia, llevarlo a cada municipio, a cada pueblo; contar (o más bien escuchar) las hazañas locales. Hubiera sido una gran ocasión de recoger la microhistoria de los muchísimos pueblos y ciudades del país, para formar con ellas el mosaico nacional. Propuse que la iniciativa partiera de las escuelas, pero no se hizo, o se está haciendo de manera tardía y muy limitada.

En cuanto a la Revolución, lo que a mi juicio convenía era precisamente discutir su legado en los grandes temas nacionales: agrario, obrero, educativo, democrático. Una reflexión crítica y autocrítica al mayor nivel. Se está haciendo sólo a medias.



®Borzelli Photography

Usted habla de la necesidad de debatir los grandes problemas nacionales, pero cuando menos en los medios de comunicación parece que esto sí se está haciendo.
Desde hace mucho tiempo he insistido en que necesitamos mayor calidad, sofisticación e inteligencia en el debate público. Sin duda, ahora el debate en México —en la prensa, en la radio, en todos los medios— es mejor de lo que era hace veinte años, en los tiempos hegemónicos del PRI. Esto hay que admitirlo. Sin embargo, es mucho menos rico de lo que podría ser, y en esto lo que importa es el formato. Los medios de comunicación masiva tendrían que estar inventando fórmulas de debate que sean mucho más que conversaciones de sobremesa. Un debate debe ser preparado a fondo. Los debates mexicanos por televisión son inocuos, académicos, de escuelita, hay que darles un grado más y hacer debates “a la inglesa”, en donde tanto el moderador como los participantes saben que al final de cuentas va a haber un triunfador y un perdedor: que va a “correr sangre”. (Nosotros en el portal Lupa Ciudadana estamos preparando debates con ese formato.) Son cosas que faltan. En suma, sí estamos mejor que antes, pero no estamos discutiendo con la profundidad, el compromiso y la pasión que deberíamos los grandes problemas nacionales.



¿Qué impide que existan en México debates de altura?
En la vida intelectual y política de México hay varios vicios. Uno es el vicio académico. En el área de las humanidades hay una especie de casta que escribe para sí misma, sólo se lee a sí misma y tiene una opinión excesiva sobre sí misma, es inmune a la crítica y a la autocrítica; tiene la pretensión de estar haciendo ciencia, y algunos órganos de la prensa recogen sus opiniones sin cuestionarlas, como si fueran, en efecto, verdades científicas.


®Borzelli Photography

Otro vicio muy arraigado en la vida intelectual mexicana es el dogmatismo y la intolerancia, que está presente en órganos de izquierda herederos del dogmatismo y la intolerancia de la Iglesia del siglo XIX, enemiga del pensamiento liberal. En estos órganos, guardianes del dogma, no se practican las reglas básicas de un debate intelectual de altura: la discusión respetuosa, la escucha de opiniones ajenas, la fundamentación de ideas propias.


Entonces, entre un academicismo endogámico y un dogmatismo intolerante, hay un espacio muy reducido para el pensamiento abierto, plural y liberal. Los académicos no tienen pasión y los dogmáticos tienen demasiada, ciega pasión.



®Borzelli Photography

¿Esto ha contribuido a que hayan desaparecido las polémicas intelectuales?
La autenticidad, el compromiso que se vivió en los ochenta en México, cuando la polémica entre Vuelta y Nexos, entre Octavio Paz y Carlos Monsiváis, no existe ahora. Tendríamos que retomar esa pasión intelectual y crítica, porque si no todo se va a extinguir, a disolver, en un páramo de mediocridad: dogmática, académica, mediática. Yo no objeto, por cierto, el surgimiento de los comentaristas políticos, es algo positivo, pero muchos de ellos hablan como oráculos y no tienen un libro publicado.


®Borzelli Photography

Paz decía que en México debemos reconciliarnos con el pasado. ¿Lo estamos haciendo?
No, no nos estamos reconciliando con el pasado, hacerlo significaría muchas cosas que, de nuevo, tienen que ver con el debate. Tendríamos que estar debatiendo seriamente los mitos nacionales, volver al tema de lo indígena y español, revisar las distintas vertientes de interpretación de la historia de México en el siglo XIX, ver qué tanta mitología arrastró consigo la Revolución Mexicana, incluido el muralismo. Vivimos en una selva de mitos: el mito del petróleo, el mito de la soberanía…. Tendríamos que estar avanzando mucho más en la desmitificación de nuestra historia para ver a los héroes como hombres de carne y hueso (con virtudes y defectos). Para ver a la Independencia y la Revolución en toda su complejidad, como un proceso en el que intervienen otras figuras además de los “héroes”. Sobre todo, deberíamos rescatar la vida de México en estos 200 años, una vida que fue forjada no por individuos únicos (aunque estos hayan sido centrales) sino por élites rectoras, centenares de figuras, generaciones enteras, del mundo eclesiástico, intelectual, cultural, militar, empresa-rial, etcétera. Por lo demás, deberíamos rescatar a la Reforma: fue el “momento eje” de México, mucho más decisivo que la Independencia y la Revolución. Pero la mitología de la violencia nos “jala” hacia la veneración de los insurgentes y los revolucionarios. Para mí, por cierto, el mejor insurgente es el más reformista, Morelos, y el mejor revolucionario es Madero, el demócrata liberal.



Todo lo anterior para que el mexicano saliera del 2010 con una idea más plural, más diversa, más compleja, más crítica de la historia de su país; no veo que se esté haciendo. Por eso vivimos el 2010 de manera sonámbula y superficial.


®Borzelli Photography

¿Cómo evaluaría las relaciones del PRI con la cultura?
Históricamente el PRI, el sistema político mexicano, tuvo relaciones estrechas y positivas con el mundo de la cultura. Cómo olvidar a las generaciones de diplomáticos que, siendo intelectuales, siendo excelentes escritores, le dieron lustre a las relaciones exteriores de México. Lo mismo cabe decir de la Secretaría de Educación Pública, con secretarios muy reconocidos.


La integración del intelectual mexicano al poder, hasta cierto momento, fue bastante generali-zada y funcional. Pero esto se rompió en los sesenta, y qué bueno, porque si el intelectual no utiliza sus armas, que son las de la crítica, se ata de manos y se pone al servicio no del público sino del poder.


®Borzelli Photography


De los sesenta en adelante, con Daniel Cosío Villegas a la vanguardia, luego con Octavio Paz y después con otros intelectuales, se comenzó a trabajar en la crítica del poder. Muchos participamos en esa labor, tomamos distancia del poder hegemónico del PRI y creo que hicimos una buena contribución a la transición democrática.

En los últimos diez años, debido al efecto centrífugo de la democracia, el poder ha dejado de escribirse con mayúscula, ha dejado de ser hegemónico: está distribuido en diversos polos. El PAN tiene el poder Ejecutivo, pero el poder también está en el Legislativo (que controla sobre todo el PRI), en el Judicial, en los estados (con partidos diversos), en los medios electrónicos, en los grupos empresariales, en la Iglesia, en los sindicatos, incluso en el narcotráfico. Ha desaparecido esa pirámide de poder que conocimos durante ocho décadas. Uno de esos poderes, minúsculo si se quiere, es el de los intelectuales. Más que un poder, es un prestigio, una autoridad. Lo ideal es que el intelectual cuide ese pequeño poder independiente.



®Borzelli Photography

¿Y cómo se relaciona el PAN con la cultura?
El PAN nunca ha entendido la cultura, a pesar de haber sido fundado por un intelectual. No entiende la cultura ni la entenderá, más allá de que tenga buenos o malos funcionarios. La labor de Consuelo Sáizar es buena, pero el gobierno no tiene un proyecto cultural, no sabe cuál es su legado y tiene una seria crisis de identidad. Naturalmente, su relación con los intelectuales es tenue, lejana o mala.


No creo que haya ahora en México ningún intelectual (salvo Alonso Lujambio, que ha escrito libros sobre ese partido) que pueda considerarse ligado al PAN. Tampoco veo muchos intelectuales del PRI. Pero sí hay varios ligados al PRD. La izquierda, alrededor de López Obrador, sí pudo integrar a buena parte de la familia intelectual, cultural y académica de México en 2006, y sigue reteniéndola en gran medida.



®Borzelli Photography

¿Con quién se identifica usted?

Con ningún partido. El pensamiento liberal no tiene partido que lo represente. Lamentablemente, entre la izquierda y los liberales existe una ruptura, cuando su convergencia fue un sustento muy importante en la transición democrática. La convergencia entre Heberto Castillo y Luis H. Álvarez fue absolutamente central, pero detrás de Heberto había la convicción de una izquierda que tenía que volverse moderna y del lado de Álvarez un pensamiento mucho más liberal que reaccionario. Entre estos personajes, o si se quiere entre Paz y Monsiváis, guardadas todas las diferencias, cabía el diálogo.



®Borzelli Photography


Yo hablé mucho con Monsiváis sobre este tema. Pocos días antes de que lo internaran, me envió una carta que desde luego conservo, diciéndome que estaba horrorizado con los escritos “estalinistas” que publicaban algunos órganos periodísticos criticando a los disidentes cubanos. Nos acercamos por el viejo afecto que nos unía y porque sabíamos que el diálogo entre una revista cultural liberal, heredera de Paz y Cosío Villegas, y el pensamiento de izquierda es fundamental.


®Borzelli Photography

En una entrevista para Milenio Televisión, usted comentó que la muerte de Monsiváis debería servir para buscar la concordia en la familia cultural mexicana. Históricamente, ¿ha existido esa concordia?
Por supuesto que las diferencias intelectuales han estado siempre presentes; han existido rencillas entre personas y entre distintas escuelas y revistas. Pero desde que Ignacio Manuel Altamirano la fundó, en la cultura nacional hay una continuidad: en el Porfiriato, en el Ateneo, en los Contemporáneos, en la generación de Octavio Paz.


Veamos el ejemplo de Paz y Revueltas, dos personajes tan distintos y a la vez tan parecidos: nacieron el mismo año, ambos fueron rebeldes, autocríticos y críticos del poder. Convergen en el 68, pero nunca se pelean, siempre se respetan. Eso es lo que yo quisiera. Y luego las siguientes generaciones, la de Fuentes, la de García Ponce, la de Ibargüengoitia… tenían diferencias, pero eran una familia.



®Borzelli Photography


Octavio Paz criticó a Monsiváis y éste a Paz; Héctor Aguilar Camín también criticó a Paz y yo, en un texto muy fuerte, a Carlos Fuentes. Estos actos tuvieron su importancia pero no invalida-ban una especie de unidad fundamental en la familia cultural mexicana. Todo se rompió en 2006, porque ahí sí se saltaron las trancas. Nunca había ocurrido una integración tan grande no sólo con un proyecto, sino con una persona (sin olvidar el antecedente de Echeverría). La descalificación como “traidores”, de “derecha”, a los que no estaban con AMLO, fue y es escandalosa. Y así, sobre la base de que unos son traidores y otros son santos, no se puede dialogar.


®Borzelli Photography


¿Cuál sería la salida a todo esto?
El diálogo, la buena fe —y no estoy hablando de una tregua, sino de una concordia esencial—. Quizá nunca voy a convencer a los que piensan de manera dogmática de mis razones, pero todos merecemos respeto. La vida cultural e intelectual mexicana, debido a las querellas del 2006, se ha degradado, ha perdido la altura y se ha vuelto insoportablemente militante, y sobre esa base nada se puede hacer.


La prueba de lo que estoy diciendo está en internet, en los blogs, donde se dicen cosas increí-bles. No hay ya respeto a las obras, a las formas, a las trayectorias, a las ideas. Es una cloaca. ¿Quieres una prueba adicional? Hace dos años caminaba distraídamente por la calle de Argentina, rumbo al Colegio Nacional, cuando de pronto alguien se me cruza rápidamente y me grita: “¡Qué muera Octavio Paz!” Esa es otra muestra de cómo estamos.


®Borzelli Photography

¿No pensó que podría ocurrir algo desagradable al presentarse a los funerales de Monsiváis en Bellas Artes?
Nunca tuve la menor duda de ir a Bellas Artes. Conocí a Carlos desde 1969. Fue un amigo entrañable y siempre nos vimos con respeto y afecto, aunque a veces nos criticábamos. Ese día, muchas personas se me acercaron con simpatía. Un muchacho, muy respetuoso, me dijo: “Don Enrique, ¿qué le parece esta demostración del pueblo? Esto es lo que gana un intelectual que está con el pueblo y no con el poder”. Yo le dije que me parecía magnífica. Pero que la implicación (que yo estaba con el poder) era equivocada.



®Borzelli Photography

¿Cómo encara ese señalamiento?

Yo no estoy en lo absoluto con el poder. Nunca he estado con el poder, ni con el político ni con ningún otro. Yo ejerzo mi trabajo como escritor y editor de una revista de literatura y de crítica independiente, y tengo un espacio en la televisión nacional (que no me subsidian ni pagan) que llega a un millón de personas por semana (hasta la fecha llevamos más de 350 programas de historia que se han transmitido en todo el país). Si esto, el que la empresa Clío tenga este espacio en Televisa, se interpreta como que yo estoy con “el poder”, pues es una consideración falsa. Porque también Carlos Monsiváis y Carlos Montemayor aparecían en Televisa y les pagaban. Lo mismo sucede con Elenita Poniatowska o Rolando Cordera, todos muy respetables.



®Borzelli Photography

Un reportero de Proceso escribió que yo era asesor de Calderón y accionista de Televisa. Envíe una carta a la revista, que publicaron en su edición en internet, donde les digo: “Si ver al Presidente de manera incidental, es ser su asesor, entonces Julio Scherer fue asesor de varios de ellos”, como se ve en su libro Los presidentes. Yo no soy accionista de Televisa, soy miembro de su consejo y tengo un programa ahí desde hace doce años. Y si todo trato con esa empresa (a la que he criticado públicamente) es infamante, que me expliquen por qué hay periodistas de Proceso que aparecen en Televisa, o por qué la revista entabló relaciones cordiales con ella planeando programas en el año 2000.



®Borzelli Photography



Volviendo a mi presencia en Bellas Artes. Yo quise significar todo mi afecto y reconocimiento a mi amigo Carlos y mostrar, o tratar de hacerlo, que la demonización por parte de los dogmáticos no me atemoriza.


®Borzelli Photography


¿Cree posible la reconciliación que propone? ¿Qué le diría a la familia cultural mexicana?

Mi mensaje al ámbito cultural, desaparecidos casi todos los patriarcas, es el siguiente: no se trata de querernos, se trata de respetarnos, y de hablar. De polemizar lealmente. No es posible que en el mundo intelectual mexicano hayamos descendido a las bajezas, insultos y descalificaciones que algunos órganos practican ahora. Todos los que hemos trabajado por la cultura en México tenemos que hacer el esfuerzo de recobrar un mínimo de esa concordia, de ese respeto que se perdió el día en que apareció el personaje que dividió al país en dos.


®Borzelli Photography


¿López Obrador?
Así lo creo. Y no me hubiera tomado el trabajo de escribir ese texto [“El mesías tropical”], de no pensar que López Obrador iba a dañar el país como en efecto lo dañó. Por ejemplo, desprestigiando a la institución electoral; un millón de observadores fueron puestos en entredicho por la voluntad de una persona. Entonces, que una buena parte de la cultura y del sector académico se haya enamorado del proyecto de López Obrador merecía una crítica. Todos los odios que me he concitado alrededor de eso, los asimilo con gusto. Pero es hora de tender una mano a la zona razonable de ese conglomerado y decir: “Señores, vamos a dialogar”. Yo he abierto siempre las páginas de Letras Libres. Pero ellos tienen cerradas (selladas) sus páginas para las voces liberales o disidentes.



Además del texto que menciona, usted ha escrito otros bastante impopulares.
A mí no me ha interesado nunca ser popular, creo en la crítica y me gusta la polémica. En lo que no creo y a lo que me opongo es a la descalificación.


®Borzelli Photography


* Entrevista de José Luis Martínez S., publicada en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario, 31 de julio de 2010, http://impreso.milenio.com/node/8808476

** Director de la editorial Clío, autor de libros como Caudillos culturales en la Revolución mexicana, Biografía del poder y Travesía Liberal. 


Crónica antropológico-fotográfica: Pascual Borzelli Iglesias para Crónica Antropológica.

Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas


Todas las fotografías están protegidas por la ley de derecho de autor. Si desea utilizar nuestras fotos, por favor contactarnos vía correo electrónico

martes, 24 de agosto de 2010

Héctor Aguilar Camín, historiador, narrador y periodista

El Bicentenario, celebración de agravios*
Héctor Aguilar Camín ®Borzelli Photography

El historiador, narrador y periodista dice: la izquierda mexicana no existe, tenemos una pren-sa provinciana, todos los logros que ha tenido el país a lo largo de su historia nos parecen poca cosa, porque estamos de mal humor… Comenta muchas otras cosas, algunas de ellas segura-mente polémicas y sin embargo necesarias cuando se pretende discutir la realidad que vive México.
®Borzelli Photography


A los periodistas, a los intelectuales no nos gusta México –dice Héctor Aguilar Camín**, quien critica la manera como se están llevando a cabo los festejos del Bicentenario y explica las razones del conflicto del PAN con la historia oficial del país, “de una fuerza extraordinaria, pero también llena de omisiones y mentiras”. Durante la entrevista, realizada en la oficina que ocupa como director de la revista Nexos, habla de las cualidades y defectos de la prensa mexicana y del papel de los intelectuales ante el poder, aborda su conflicto con una izquierda que responde a la tradición socialista estali-nista y comenta que la historia es una conversación entre generaciones.


José Luis Martínez S. con Héctor Aguilar Camín ®Borzelli Photography


¿Cuál es su opinión sobre el Bicentenario?
Que lo estamos conmemorando mal, sin un proyecto común, incluyente, de lo que ha sido nuestro trayecto como nación. Es una fecha de extraordinaria fuerza simbólica, pero me parece que los gobiernos del PAN no han sabido cómo hacer las paces con la historia del país, que está muy marcada por los ejes establecidos durante la hegemonía del PRI.
®Borzelli Photography

México tiene una historia oficial con una fuerza extraordinaria, que es a la vez jacobina, llena de omisiones y mentiras. Establece, por ejemplo, que el año de nuestra Independencia es 1810, y eso es falso: el año en que México pacta y declara su Independencia es 1821. Olvida, por otra parte, que en las primeras décadas del siglo XX en el país hubo dos guerras civiles; sólo reconoce la que transcurre entre 1913 y 1917 y a la otra, la que va de 1926 a 1929, la llama despectivamente la Cristiada, como si esos campesinos que se rebelaron contra el estado revolucionario hubieran sido sólo un su-cedáneo de la voluntad de los obispos.

®Borzelli Photography





Por otra parte, tenemos este Bicentenario en medio de la discordia política, con los pelos para-dos de punta, con la violencia, con falta de metas comunes entre el gobierno y la oposición. Tenemos pluralidad e intereses particulares, pero no metas nacionales. La gran celebración que estamos haciendo, es la celebración de nuestras carencias, de nuestros agravios, de nuestros miedos. Lo dije recientemente en un artículo, esto es como si uno celebrara su cumpleaños porque piensa que su vida ha sido perfecta, y no más bien para darse un respiro en la imperfección de la vida.


¿Qué le impide al PAN avenirse con nuestra historia?
El Partido Acción Nacional nació en contra del presidente más consagrado por la historia oficial: Lázaro Cárdenas. Y fue parte de la gran coalición de 1940 que condicionó que Cárdenas no pudiera dejar en el poder al candidato más radical que era Francisco J. Mújica, sino al conciliador Manuel Ávila Camacho, cuya primera frase célebre como presidente fue: “Yo soy creyente”.

®Borzelli Photography

Con esta historia oficial, el PAN nunca ha podido congeniar como gobierno porque como mo-vimiento político nació en gran medida para combatir a sus dueños.





Como consecuencia, el gobierno de Vicente Fox se desinteresó del tema del Bicentenario; en el fondo era una celebración que le resultaba ajena o que apelaba sólo a una parte de su nacionalis-mo, de su visión histórica del país. Nombró jefe de las celebraciones del Bicentenario a un hombre que tiene la paz hecha absolutamente con la historia oficial de México: Cuauhtémoc Cárdenas, y de ahí para acá todo han sido bandazos, titubeos, cambios, equívocos.

®Borzelli Photography




Creo que desperdiciamos un momento simbólico como país, de revisión de nuestra historia, de orgullo por las cosas que, en medio de todos los errores y desviaciones, hemos conseguido, entre ellas el hecho de ser una nación. En 1848 no estaba claro que fuéramos a serlo y Lucas Alamán empieza su Historia de México diciendo que la escribe por si algún día desaparece la nación mexicana, para que ahí el lector pueda ver cómo se pierden los mayores dones de la naturaleza.

®Borzelli Photography

¿Fueron mejores las celebraciones del Centenario de la Independencia?
El Porfiriato celebró extraordinariamente el Centenario. Sería interesante ver de cuánto fue la inver-sión entonces del gobierno de Díaz en obra pública, en kioskos, plazas, hospitales, publicaciones, y hacer la comparación con lo que se ha hecho ahora, ver la proporción, digamos, país contra país. En 1910, México era un país de 15 millones de habitantes; tenemos ahora un país ocho veces mayor. Es otro país. Esta es una de las cosas elementales que debió haberse pensado para el Bicentenario, la increíble transformación de México.




El siglo XX mexicano empezó en 1910 con la Revolución, con una elección protestada, con la exigencia de que hubiera elecciones libres y efectivas, y terminó con una elección libre y efectiva. Pero eso nos parece poca cosa.


®Borzelli Photography

Estamos en un país con una potencialidad increíble, que se ha modernizado a un ritmo extra-ordinario; y si bien no ha dado el salto a la prosperidad, sí lo ha dado hacia la constitución de una nación de una gran resistencia, de una gran identidad, de una gran diversidad y de una gran riqueza. Pero esto nos parece poco, todo nos parece poco porque estamos de mal humor, porque tenemos un litigio muy serio con México. A los periodistas, a los intelectuales no nos gusta este país, nunca nos ha gustado, hemos construido una épica de la crítica que se aproxima mucho a la derogación, cuando no a la quejumbre, y la verdad es que nos fuimos para el otro lado: pecamos de optimismo oficial, de ceguera ante los problemas durante la hegemonía del PRI, y ahora pecamos de estrabismo crónico para ver nuestras cosas: siempre las vemos feas, incompletas.
®Borzelli Photography

Ante este panorama, ¿cuál sería la labor de los intelectuales?
Los intelectuales tenemos que pensar en nuestro país con seriedad, tenemos que hacer nuestra tarea con mayor humildad y rigor. Por lo demás, no sé si todavía existen los intelectuales como existieron en otro tiempo, cuando tenían un peso en la vida pública; tengo la impresión de que ese peso se ha desplazado mucho hacia los medios.


®Borzelli Photography




Pero sí existe una relación de los intelectuales con el poder…
Es una relación muy deformada, en la manera como se le ve y en la importancia que se le otorga. El intelectual que realmente pretenda tener una influencia en el gobierno, lo que debería hacer es me-terse a la administración pública, lo otro es un asunto mediático, de imágenes, porque la verdad es que los gobernantes no necesitan ideas de los intelectuales, tienen una enorme cantidad de información precisa, de especialistas, de colaboradores frente a los cuales las ideas generales, las prédicas morales de un intelectual, pues son interesantes, una parte de la conversación, pero no me parece que sean fundamentales en la toma de decisiones.

®Borzelli Photography

En este sentido, ¿qué importancia tiene la información que ofrecen los medios?
Los medios tenemos una responsabilidad muy seria, estamos obligados a decir la verdad, ese es nuestro trabajo, no difundir lo que a nosotros nos parece la verdad; nuestro trabajo es ir a preguntar y ver hasta dónde se pueden reconstruir los hechos.

Cuando uno sale de México y tiene la oportunidad de tratar con periodistas, da entre tristeza y rabia ver la imagen que proyectamos del país. La imagen que ofrece la prensa extranjera no es sino reflejo de la prensa que nosotros hacemos. En California, en Nueva York, en Chile, en Argentina, en España, me preguntan: “¿Y usted, cómo sale a la calle?” Les respondo que normal y me dicen: “¿Y la guerra?” Cuál guerra, les contesto. “La guerra que hay en México, que hay en Ciudad Juárez”. Bueno, Ciudad Juárez es importante, pero representa el uno por ciento de la población del país, y la violencia que hay en México es la mitad de la que existe en Brasil.


®Borzelli Photography

¿Cómo mira en este momento a la prensa mexicana?
La encuentro muy próspera, plural, competida, libre, y al mismo tiempo un tanto irresponsable, poco profesional, dominada con frecuencia por el facilismo, cuya expresión mayor es la declaracionitis, tomar los dichos por los hechos, eso me parece su primera y mayor limitación. La segunda es su provincianismo, la enorme dificultad de enterarse —con cierto rigor— por la lectura de un periódico de lo que pasa en el mundo, aun en el mundo más cercano, en Centroamérica, donde dos o tres esta-dos están desapareciendo a manos de los narcotraficantes, de las bandas —ahí sí están desaparecien-do. O en Estados Unidos, donde tenemos 20 millones de mexicanos, nueve de ellos indocumentados, y tampoco sabemos lo que pasa. Ya no digamos en Europa o en China… Pienso que México es menos provinciano que su prensa.

Yo tengo una lista de columnistas que leo todos los días, una lista de reporteros y cronistas y realmente la prensa mexicana que leo es muy buena, pero hay que hacer una antología.


®Borzelli Photography

¿Y el periodismo cultural?
Es una desgracia que el periodismo cultural, que tenía tanta vida y era parte fundamental de toda idea de un periódico en 1970-80, esté desapareciendo. Es una desgracia también que hayan desapa-recido géneros —la crónica, el reportaje— que exigen precisión y calidad en la escritura, que van más allá de la declaración, de enervar a quién sabe qué político y transcribir y redactar. Incluso ha desaparecido la entrevista como una manera de realizar el perfil del entrevistado.
®Borzelli Photography

Usted es periodista, historiador, narrador, ¿cómo concilia los intereses y las exigencias de cada uno de estos oficios, de estas actividades?
El eje que marca las fronteras es el tema de la ficción y la no ficción. El historiador puede, debe usar su imaginación, lo mismo que el periodista, pero tiene que estar ceñido a los hechos. El novelista es pura imaginación, porque si se ciñe a los hechos va a perder la parte más interesante del espacio de la ficción. Yo diría que el historiador imagina a partir de la realidad y el novelista llega a la realidad a través de la imaginación.

Cuando uno empieza a seguir un hecho con propósitos periodísticos o históricos, tiene que trabajar mucho para obtener poco, tiene que ir a entrevistar, leer, estudiar, investigar, para llegar a veces a cosas muy poco concluyentes.
®Borzelli Photography

Todos sospechaban que Calles y Obregón había mandado matar a Villa; era un rumor, pero nadie podía afirmarlo con rigor histórico hasta que Friedrich Katz encontró en un archivo un indicio muy claro de que el asesino de Villa le había avisado a Joaquín Amaro, secretario de Guerra de Calles, sus intenciones de cometer el crimen. Una y otra vez le dijo cómo lo iba a hacer y Amaro, en las cartas que le envió, nunca, por lo menos, lo disuadió de hacerlo. En cambio, después lo ayudó para que tuviera un juicio rápido y saliera libre. No es prueba contundente de que Calles y Obregón hubieran mandado matar a Villa, pero sí es una pista sólida de que les gustó la idea de tener un voluntario para hacerlo, y lo protegieron. Hasta el descubrimiento de Katz, lo repito, no se podía afirmar esto con rigor histórico, como después ya se pudo.
®Borzelli Photography

En cambio, Martín Luis Guzmán toma ese mismo momento y situación e inventa en torno de hechos reales cosas que nunca sucedieron y que, sin embargo, a la vuelta del tiempo acaban diciendo más de la verdad profunda de esa época que una crónica puntual de los hechos. A través de la imaginación, Martín Luis Guzmán llega a la verdad, y a través de los hechos, constatados en el archivo, Katz llega a imaginar lo que falta en el escenario para darle coherencia y explicación a la muerte de Villa. Uno inventa y descubre la verdad, el otro descubre la verdad y potencia en la condición de un hecho, de una fuerza convincente, de una fuerza que cambia la manera de ver la historia a partir de entonces.


®Borzelli Photography

¿Para qué nos sirve la historia?
La historia es para aprender de la vida, de tu país, de otros países. No hay ningún lugar en donde sea posible entender tanto de la naturaleza humana como en la historia; no hay espacio mejor que la historia bien escrita, bien pensada, bien investigada. Yo diría eso, que la historia es para aprender cómo es la vida.




La historia es un universo muy grande, cada generación escoge o debería escoger el pedazo de historia que le es significativo y necesita para enfrentar su propio tiempo. No hay tal cosa como un pasado que está ahí y todos recogemos, el pasado es siempre una pulsión de las pasiones del presente y ahí, en el presente, es donde la historia se va haciendo útil, necesaria, nos muestra que el camino que vamos a emprender viene de algún lugar, del sueño que tenemos de la transformación del país; a través de los desafíos que presenta cada momento histórico hay algo así como una conversación de las generaciones.

®Borzelli Photography

¿Cómo ha conversado su generación con la historia?
Para nosotros, en los ochenta, el tema de la democracia era fundamental porque era la mayor aspira-ción que había, y un personaje como Madero era mucho más pertinente para esa tarea que alguien como Juárez o Cárdenas. En el momento actual, cuando parece haber la necesidad, la posibilidad de una conducción más liberal del país, de una liberalización mayor de su economía, de una integración mayor con Estados Unidos —nuestro adversario simbólico a lo largo del siglo XX—, Juárez y los liberales son un gran referente. Durante el gobierno de Juárez se firmó el tratado McLane-Ocampo, que es la iniciativa de integración territorial y económica más grande que se haya planteado nunca en México respecto a Estados Unidos.
®Borzelli Photography

Los grandes liberales del siglo XIX vuelven a tener una fuerza y un interés extraordinario, por-que tenían dos cosas que ahora parecen lejanas para México: querían una sociedad de propietarios industriosos, ilustrados, activos, independientes, que podría describirse como un gran contingente de pequeñas y medianas empresas, y al mismo tiempo Juárez quería un gobierno fuerte, capaz de cumplir las tareas del Estado, de recaudar los impuestos necesarios, de aplacar a los poderes fácticos, que en ese momento eran fundamentalmente la Iglesia católica y los fueros del ejército.




Entonces, cuando tú vez el país que tienes enfrente, al que le faltan tantas cosas para ser prós-pero, hecho lo cual será una potencia mundial, Juárez y Ocampo y Mora adquieren una pertinencia mucho mayor que Porfirio Díaz diciendo: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, o que Lázaro Cárdenas colectivizando el campo, construyendo ejidos, organizando a los trabajadores en sindicatos que con el tiempo se ha vuelto grandes obstáculos.

®Borzelli Photography

Ahora más que nunca necesitamos nuestros linajes liberales. Cada generación es, de algún modo, un cruce de conversaciones entre las urgencias del presente y las tradiciones que pueden nutrir, inspirar las buenas decisiones; es un diálogo del pasado significativo para los desafíos que plantea el futuro.

En la actualidad, a los liberales se les asocia con la derecha.
Sí, así pasa. En la geometría un poco absurda y analfabeta de la política mexicana ser liberal es ser de derecha. No deja de ser un poco extravagante que ser liberal, como Juárez, como Ocampo, se haya convertido en México en una forma de insulto cuando se dice que alguien es “neoliberal”.

®Borzelli Photography



¿Usted se considera un hombre de izquierda?
A estas alturas, no sé qué sea en México un hombre de izquierda. No me identifico con la izquierda mexicana —que no es izquierda, o en todo caso es la izquierda del estatismo nacionalista, de la tradición socialista estalinista, prosoviética y procubana, que no ha aceptado el fracaso de aquello en que creyó y no puede imaginar el futuro que necesita construir sobre las lecciones de ese fracaso. Es una izquierda que repite —mejoradas— las prácticas clientelares. En el ámbito de las ideas, es una izquierda que no ha hecho su autocrítica y que, en el fondo, comparte las creencias fundamentales del nacionalismo revolucionario que el país ha dejado atrás, que el propio PRI ha ido dejando atrás. En el ámbito de la práctica, es un corporativismo de baja calidad para unos partidos cuyo proyecto es mover al PAN del gobierno o impedir el regreso del PRI. Entonces, pienso que en México no tenemos izquierda.

®Borzelli Photography



¿Tampoco una izquierda intelectual?
Tenemos una izquierda intelectual muy importante, pero que en su mayor parte está en una situación parecida a la mía: fuera de la izquierda partidaria, del movimiento social y del movimiento político de la izquierda, de sus cotos de poder. Intelectuales de primerísima calidad, como Roger Bartra, están en litigio con la izquierda. Luis González de Alba va a publicar en el próximo número de Nexos un ensayo espléndido haciendo el recuento de su itinerario, de su pleito con la izquierda. Y otro hombre crecido en la izquierda, irreprochablemente adherido a las grandes tradiciones, José Woldenberg, escribió en su libro El desencanto las estaciones, los momentos de ruptura que lo han llevado a ser estigmatizado y echado de los ámbitos de la izquierda.

®Borzelli Photography

Conclusión: yo estoy en el mismo lugar que estaba en 1968, cuando era un hombre de izquier-da, un dirigente de izquierda, los que se han mudado a un lugar inaceptable son las gentes de izquierda que han hecho cosas tan notables como hacer senadora de la República a la célebre amante del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
®Borzelli Photography

Entonces, sí hay un pensamiento de izquierda importante, hay intelectuales que son de iz-quierda, de ahí vienen, de ahí venimos, ahí aprendimos cosas fundamentales en materia de cultura política, de actitud frente a la parte pública, pero simplemente no podemos caminar juntos con la llamada izquierda mexicana; no podemos, vivimos en un litigio con esa izquierda en la que no hay espacio para la pluralidad ni para la libertad intelectual.
®Borzelli Photography

®Borzelli Photography


* Entrevista de José Luis Martínez S., publicada en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario, 21 de agosto de 2010, http://impreso.milenio.com/node/8819430.

** Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) es director de la revista Nexos, autor de ensayos como La frontera nómada, Sonora y la Revolución Mexicana y La tragedia de Colosio, y de novelas como La guerra de Galio, Morir en el Golfo y Mandatos del corazón. Es también colaborador de MILENIO Diario, donde publica la columna Día con día.


Crónica antropológico-fotográfica: Pascual Borzelli Iglesias para Crónica Antropológica

Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas


Todas las fotografías están protegidas por la ley de derecho de autor. Si desea utilizar nuestras fotos, por favor contactarnos vía correo electrónico